
Spencer Tunick en México DF, 6 de mayo, 2007
Spencer Tunick nos regaló a los mexicanos una oportunidad tal vez única en la vida: deshinibir, romper tabús, desafiar las convenciones sociales, los extremismos religiosos, las barreras del cuerpo.
Desde antes de saber que vendría a México, yo me había registrado en la página para participar en sus instalaciones. No me considero una persona exhibicionista, ni extrovertida, ni tan valemadrista. Sin embargo, siempre he tomado el adjetivo "loca" como un gran cumplido, y trato de buscar maneras de ganármelo, siendo ésta una maravillosa oportunidad.
No es que no me diera pena, no considero perfecto mi cuerpo, aunque sé que está dentro de un nivel muy aceptable dentro de los terribles estándares de bellea y perfección de nuestro tiempo. En realidad, no me puedo quejar, pero aún así, no voy por la vida mostrándolo sin más ni más.
En mi casa no fue muy bien recibida la noticia de mi participación. Mis padres y mi hermano sabían, y mi abuela también. Pero para evitar que mi abuelo me retirara la palabra por el resto de mis días, mi abuela decidió organizar un viaje de fin de semana y que él no sospechara que algo extraño pasaba si me escuchaba salir a las 3 am ese día. (Así que no le vayan a decir!).
Para mí este evento fue maravilloso. Desde el momento en que me enteré, que fue mientras esperaba a René para mi clase de batería. Decidí repentina y extrañamente, en vez de sentarme y prender la tele, hojear el periódico for a change. Y voilá! Fue ahí en la sección de cultura. Maravilloso anuncio, mensaje obtenido por casualidad o destino. Como fuera, corrí a registrarme y a invitar a mis amgas, de quienes esperaba risas, sustos, mentadas y tal vez algún "si!"
Dos de ellas no dudaron en unirse, otra dudó pero decidió ir por su lado. Me parece que otras ni siquiera me contestaron. Finalmente, estuve acompañada sólo de una de ellas.
De mi parte hubo una gran emoción desde el primer momento, preparación física y psicológica, dormirme temprano la noche del sábado para despertar lo suficientemente fresca a las 3.20 am del domingo. Mucho amor al arte!
El papá de mi amiga nos dio ride hasta que el tráfico no le permitió avanzar más, y nos bajamos caminando veloces para encontrar el final de la fila a varias cuadras de distancia de la entrada.
Frío, sueño, nervios, emoción, incertidumbre, desesperación, todo se sintió durante las casi 2 horas de espera.
Cuando al fin llegamos a la entrada, tuvimos que pasar rápidamente ya que al parecer se estaba haciendo tarde para lo que Tunick tenía planeado. Fue un alivio ya que pensamos que tal vez no alcanzaríamos a entrar!! Como sí sucedió con cientos de personas.
Al entrar nos iban sentando muy juntos unos de otros en la calle alrededor del Zócalo (nos tocó frente a Catedral), donde intentaron explicar qué iba a pasar con un par de pésimos altavoces que sólo los de enfrente escuchaban.
A punto de amanecer, todavía con frío...1... 2... 3... fuera ropa!!
Curiosamente, el frío se fue junto con la ropa; la liberación y la adrenalina dan algo de calor.
Seguramente no había nadie sin una sonrisa, fue un momento impactate y feliz.
Intentamos acomodarnos una persona por cuadro del piso, pero por mi zona nunca sucedió, más atrás mucho menos.
Nunca nos enteramos de la primera toma, ni del saludo a la bandera, sólo que ya había pasado cuando cambiaron la manta que colgaba del Hotel Majestic para adoptar la pose B: acostados boca arriba.
Es mejor no pensarlo: acostarse desnuda en el Zócalo, frío, húmedo, quién sabe con qué componentes de terrible mugre... ewww.
En ese momento, mirando al cielo azul y los pajaritos (a los que muchos no dudaron en usar en repetidos albures) me pregunté qué demonios hacía ahí tendida haciéndole caso a ese gringo regordete y además, vestido!

No importa, en realidad, sea arte o no, sea mercadotecnia, oportunismo, sea lo que sea, para mí es lo que es, la única oportunidad que tendré de estar desnuda junto con unos 20 mil mexicanos que lograron, igual que yo, despojarse de tabús e inhibiciones.
Maravilloso.
Aún con el dolor de las piedras en las rodillas con la pose C, el hartazgo de la gente que no puede dejar de gritar un segundo y seguir indicaciones, aún así, maravilloso.
Aún con el dolor del brazo izquierdo levantado con la palma estirada o el índice apuntado.
A media desnudez, me topé con un compañero de la universidad, que aunq no sabía si era correcto o no, nos saludamos de beso y risa, qué mas da!
Otra foto tomados de los hombros. Habrá salido ese triángulo que quería Tunick? De ahí, los hombres termiaron su participación, y hubo una toma de nosotras acostadas de lado.
Nos preocupaba el resigo de que se robaran nuestra ropa, además de que apuntaran las cámaras de sus celulares muy de cerca.
para esas horas, ya se veían algunos turistas y familias curioseando, y ya con los hombres vestidos, las inhibiciones voliveron poco a poco.
Al parecer, ellos olvidaron que habían estado desnudos como lo estábamos nosotras, y el respeto de alguna maera se perdió.

El final fue algo menos ameno, caminar entre gente vestida para encontrar nuestras pertenencias, que por fortuna no fueron robadas, como sí le sucedió a algunas mujeres.
Al terminar, el papá de mi amiga pasó por ella, y yo me quedé a desayunar en el Centro con un amigo que había estado también entre la gente.
Definitivamente, la organización fue muy mala, en especial por el hecho de que su equipo de sonido era pésimo e imposible de usar para dirigir a 20 mil personas.
No sé si lo volvería a hacer. Aún así, fue una gran experiencia!

(Fotos tomadas de internet)


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